Wednesday, June 13, 2012

Alta resolución

Estaba de visita, ya había pasado por un centro comercial, un parque y cuando te encontré estabas en edificio que simulaba un lugar al estilo siglo XIX, dedicado a la cacería.
El salón principal estaba cubierto de madera, el espacio era grande y en él no había muebles, sólo algunas repisas con carne sobre la pared.

Te divisé en el salón adjunto -el de los candelabros dorados- estabas acostado en posición fetal, en un hueco dentro de la pared, te escondías de los visitantes al cobijo de un tapiz muy elegante.
A diferencia de los demás, pude verte desde dentro de la pared, de modo que se dibujaba tu posición fetal con la luz exterior y el tapiz quedaba del otro lado de donde yo te veía. Me imaginé que eras un bebé.
Levanté el tapiz, te saludé, te tendí la mano, salíste, te invité a quedarte en mi casa y respondiste: sí.

Antes de irnos, me acompañaste a tomar las mejores fotos de mi vida dentro del cuarto principal.

La segunda de ellas fue a un castillo que parecía de mármol, en cuyo fondo se vislumbraban un azul y verde intensos... los detalles del castillo eran esmeralda. Mi toma abarcaba una torre y una parte de la fachada del castillo.
Sin reparar en la majestuosidad del edificio, los colores eran por sí mismos, una sinfonía de luz.

En la primer fotografía, tomé a un par de pumas que jugueteaban rebotando en las paredes de la habitación de madera, eso explicaba el asunto de las extrañas repisas.
En fin, dado que la cámara de mi celular es lenta, ¡me dio mucho gusto saber que había calculado correctamente el tiempo para captar a los animales cuando estaban frente a mí, tras dar la vuelta! Sus caras se veían nítidas, pero alrededor se notaba la velocidad, el impulso tras el contacto con la pared. ¡Quién diría que las cámaras de celular tendrían resolución profesional!

Recuerdo mi piel erizada, más que por la naturaleza exhuberante, porque tú estabas ahí, para compartir aquel momento y aquella belleza conmigo.

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