Wednesday, May 18, 2011
Monday, April 25, 2011
Literatura
La buena literatura nos deleita; la mala, desarrolla nuestra capacidad crítica (para encontrar los detalles que no embonan y diferenciar las buenas ideas de las estúpidas), hace que nuestra imaginación se ejercite aún más (para llenar los huecos que la historia va dejando), fomenta la creatividad (para encontrar mejores alternativas que las que leemos), incentiva la curiosidad (para investigar si lo que nos dicen por lo menos es posible) y mejora la autoestima (porque nos hace creer que podemos escribir algo mejor que eso, jiji).
Dios bendiga a la buena y a la mala literatura, porque ambas son el paraíso de los lectores.
Dios bendiga a la buena y a la mala literatura, porque ambas son el paraíso de los lectores.
Thursday, March 10, 2011
Aveces, aún me pregunto si aquel día debí haber aceptado que se convirtiera en "mi principe azul".
Recuerdo que él lo dijo serio, pero juguetonamente; en tanto, mis nervios y yo, no podíamos evitar una risita, supuestamente causada porque ese día él andaba vestido, precisamente, de Azul.
Por 5 años me aferré a Azul. En ese tiempo yo pensaba que él era guapo, divertido, un poco aniñado, así como inteligente y maduro por su edad, características suficientes para mantenerse en un estatus más elevado que el de cualquier novio en turno que haya tenido en ese lapso. Pero claro, a través de los ojos de los 17 años, cualquiera puede verse así.
Recuerdo que tanto el tiempo que pasaba entre una y otra vez que nos veíamos, como el periodo entre respuesta y respuesta por correo electrónico se iba sobre los hombros de un caracol en movimiento.
Los días para una fiesta a la que sabía que él asistiría, o simplemente para que sus vacaciones llegaran resultaban interminables. Y cuando por fin era, a veces ni siquiera platicaba con él, verlo, saludarlo o saber que había llegado, era suficiente para darle sentido a todo...
Durante esos 5 años en los que prácticamente me ignoró completamente, me ponía contenta cuando me invitaba a bailar, disfrutaba su presencia, su sonrisa, su respiración, procuraba dibujarlo con la mirada, como para no olvidar un detalle de él o de su rostro hasta la próxima vez que lo viera. Y ahora me sorprendo de poder, todavía, recordar minucias de sus labios, de sus ojos, la sensación de su respiración cerca.
Para darle variedad al asunto, una vez se me ocurrió simular que estaba enojada y celosa por alguna situación, la verdad es que no lo estaba, pero me daba curiosidad saber lo que se sentiría actuar así de irracionalmente.
Bueno, al final, el arrebato telenovelesco no provocó ningún cambio en Azul, así que pensé que no valdría la pena repetir una escena que ni yo misma me creía. Por el contrario, parece que entre sus hermanos y primos sí causé alguna reacción.
Un día, finalmente, sin darme cuenta me hice agradable a sus ojos y vino a hablarme con palabras bonitas, los que estuvieron presentes dicen que aquello sólo se podría describir adecuadamente con la palabra "melosos".
Entre lo que dijo, estoy segura que Azul mencionó que yo ya no era aquella niña chistosita que había conocido, sino que me había convertido en una hermosa mujer. Y muchas cosas por el estilo, hasta que finalmente dio con el asunto de ser mi príncipe azul.
Después de tanto tiempo de pedir un poco de su atención pensé que rendirme a sus pies inmediatamente sería una estupidez y, también recuerdo, aún más claramente, que aún no terminaba de formular esta idea cuando intempestivamente otra atropelló a la primera: "se quiere casar".
Y así, sin miramientos, armé una mini historia: nos casaríamos, me mudaría a su ciudad, vendríamos poco, él insistiría en no dejarme trabajar, yo allá no tendría más que familia política y ninguna amistad, como yo no trabajaría me aburriría montones; mientras tanto, él estaría todo el día fuera trabajando hasta horas extras para que yo pudiera quedarme en casa, yo me sentiría culpable y poco útil, triste por haber dejado de lado mis planes, por no seguir estudiando, por no seguir siendo adicta al trabajo; además, me sentiría poco amada, porque casi no lo vería ni tendría amistades sólidas en quienes apoyarme y, como ya estaba estipulado, él estaría fuera gran parte del día. Luego, si tuviésemos niños, el asunto se agravaría.
NO.
Aveces, aún me pregunto si aquel día debí haber aceptado que se convirtiera en "mi principe azul". Después de todo, sólo me estaba pidiendo una oportunidad, no me estaba diciendo que no podría asistir a los festivales escolares de los hijos que todavía no teníamos. No. Lo único que me estaba pidiendo era hacer realidad algunas de las cosas con las que yo había soñado por 5 años.
Igual me asusté.
A los tres meses de eso, me enteré que Azul estaba comprometido y se casaría con una chica que trabajaba en el mismo lugar que él. La boda sería al año siguiente.
No sé si sus hermanos, sabían tooodo lo de la declaración o sólo lo intuían, pero igualmente me invitaron a la fiesta. Y contrario a muchos comentarios que he escuchado de personas en esa situación, yo no sentí que hubiera sufrido al saber que él se casaba, me alegraba y, aún hoy, que Azul hiciera su vida y fuera feliz. Eso sí, fui a ayudar con los preparativos y no se me ocurrió aparecerme en la ceremonia.
Después de algunos meses, por sus primos supe que Azul estaba bien, dijeron que tenía su propia casa al sur de su ciudad y que la Señora de Azul no trabajaba. A ese respecto no pude evitar una sonrisa de "¡Lo sabía!" Supongo que no está mal, simplemente algunas personas quieren vivir en determinadas condiciones, y otras no podemos ni queremos.
Sin embargo, y a pesar de todo, es agradable volver a tener noticias de Azul, igual de breve que siempre, pero con esa sonrisa implícita, esa sonrisa aniñada tan propia de él. Pero aún más agradable es recordar esas sensaciones adolescentes, volver a sentir la felicidad, el éxtasis, la ansiedad, alegrarme por su felicidad y sus triunfos sin pretender nada más que eso: compartir la felicidad, multiplicarla y reconocerme capaz, quizá no de amar más que en aquellos días, pero sí mejor.
Wednesday, September 22, 2010
De cómo alguien subió dos kilos en dos días
Aún recuerdo vívidamente aquel día:
Un choque en el libramiento me había ayudado a llegar un poco tarde, así que no supe cómo fueron las cosas antes de entrar a clase, lo que sé es que unos minutos después de que me senté, la chava junto a mí le pidió que interviniera por nosotras.
Ella, tranquila, sonriente y amable, como siempre, pareció poner atención a aquello que la compañera señalaba como molesto. Con la misma sonrisa escuchó las palabras del exterior, se acercó a la puerta, vio cómo los sujetos se alejaban y cerró.
Parecía que el asunto terminaba ahí, recuerdo que me dio risa que a media explicación volteó hacia la ventana y de pronto dijo que había olvidado lo que estaba diciendo. Incluso estaba por voltear a reírme con Kevin, cuando de pronto, igual de sonriente terminó su explicación, se disculpó un momento y salió.
Todos nos quedamos con cara de ¿a dónde fue? Y entonces pudimos escuchar sus palabras en el salón de al lado, de eso sólo recuerdo que les decía que no sabía si había sido alguien de ahí pero si así era, qué poco hombres demostraban ser faltándole el respeto así a unas señoritas y encima, ser tan cobardes como para no dar la cara y aceptarlo.
Mucho después, cuando nos hicimos amigas, me contó que esa vez de verdad se alteró, sin saber bien a bien por qué.
A aquellos sujetos los llamó de muchos modos y realmente nunca fue grosera, aunque sí fue algo sarcástica cuando el profesor se sintió ofendido. Nosotros, que sí estábamos atentos a sus palabras, sabemos que nunca lo culpó a él de nada, nosotros mismos volteamos a vernos unos a otros, como preguntándonos de dónde había sacado que ella lo había ofendido.
De todo lo que les dijo, lo que más me impresionó fue cuando les dijo algo así:
"Cuando hagan esos comentarios, no piensen ni en sus hermanas, mamás o novias, como siempre les dicen. Piensen en ustedes mismos, cuando salen de esta clase ya está oscuro y unos tipos los levantan, los vendan, los amarran y amordazan. Ustedes, sin saber donde están, tras muchas vueltas llegan a un lugar, los bajan, los acuestan en una superficie blanda y escuchan los mismitos comentarios que fueron dirigidos a mis alumnas..."
Después de eso hizo una pausa incisiva y continuó:
"...¿qué creen ustedes que sentirían?"
Hasta nosotros nos quedamos helados. Y me alegra que no los hayamos tenido en frente, casi en seguida se oyó una risita burlona y digo que fue algo bueno, porque yo sí hubiera ahorcado al que se riera ante algo así.
En ese momento no me hubiera imaginado que del coraje a ella le hubiera dado dolor de panza un par de días, tal como me dijo tiempo después porque todavía se despidió invitándolos a hacerle los mismos comentarios a una muchacha en un pueblo de tierra caliente. "Ja, pues segurito los matan", pensé yo. A pesar de todo, en realidad aquello lo comentaba hasta por seguridad de ellos mismos, con eso de que aquí en la ciudad ya había balaceras a cada rato, ¿cómo saber que esas personas no eran las que nos topábamos a diario?
Su voz ya se oía más cerca cuando dijo. "¿Y luego dicen que de dónde salen los asesinos de Juárez?"
"Hagan como si no hubiéramos oído nada", oí susurrar, acto seguido ella regresó con su sonrisa angelical, se disculpó por tardar tanto y la clase siguió como si nada: con juegos, risas y la buena vibra de siempre.
Años después, en una de tantas ocasiones que hablábamos de eso, apenas podía creer que ella no hubiera sabido manejar esas emociones. De verdad me costaba trabajo creer que en dos días hubiera subido dos kilos y sólo por ese coraje que traía atravezado.
Un choque en el libramiento me había ayudado a llegar un poco tarde, así que no supe cómo fueron las cosas antes de entrar a clase, lo que sé es que unos minutos después de que me senté, la chava junto a mí le pidió que interviniera por nosotras.
Ella, tranquila, sonriente y amable, como siempre, pareció poner atención a aquello que la compañera señalaba como molesto. Con la misma sonrisa escuchó las palabras del exterior, se acercó a la puerta, vio cómo los sujetos se alejaban y cerró.
Parecía que el asunto terminaba ahí, recuerdo que me dio risa que a media explicación volteó hacia la ventana y de pronto dijo que había olvidado lo que estaba diciendo. Incluso estaba por voltear a reírme con Kevin, cuando de pronto, igual de sonriente terminó su explicación, se disculpó un momento y salió.
Todos nos quedamos con cara de ¿a dónde fue? Y entonces pudimos escuchar sus palabras en el salón de al lado, de eso sólo recuerdo que les decía que no sabía si había sido alguien de ahí pero si así era, qué poco hombres demostraban ser faltándole el respeto así a unas señoritas y encima, ser tan cobardes como para no dar la cara y aceptarlo.
Mucho después, cuando nos hicimos amigas, me contó que esa vez de verdad se alteró, sin saber bien a bien por qué.
A aquellos sujetos los llamó de muchos modos y realmente nunca fue grosera, aunque sí fue algo sarcástica cuando el profesor se sintió ofendido. Nosotros, que sí estábamos atentos a sus palabras, sabemos que nunca lo culpó a él de nada, nosotros mismos volteamos a vernos unos a otros, como preguntándonos de dónde había sacado que ella lo había ofendido.
De todo lo que les dijo, lo que más me impresionó fue cuando les dijo algo así:
"Cuando hagan esos comentarios, no piensen ni en sus hermanas, mamás o novias, como siempre les dicen. Piensen en ustedes mismos, cuando salen de esta clase ya está oscuro y unos tipos los levantan, los vendan, los amarran y amordazan. Ustedes, sin saber donde están, tras muchas vueltas llegan a un lugar, los bajan, los acuestan en una superficie blanda y escuchan los mismitos comentarios que fueron dirigidos a mis alumnas..."
Después de eso hizo una pausa incisiva y continuó:
"...¿qué creen ustedes que sentirían?"
Hasta nosotros nos quedamos helados. Y me alegra que no los hayamos tenido en frente, casi en seguida se oyó una risita burlona y digo que fue algo bueno, porque yo sí hubiera ahorcado al que se riera ante algo así.
En ese momento no me hubiera imaginado que del coraje a ella le hubiera dado dolor de panza un par de días, tal como me dijo tiempo después porque todavía se despidió invitándolos a hacerle los mismos comentarios a una muchacha en un pueblo de tierra caliente. "Ja, pues segurito los matan", pensé yo. A pesar de todo, en realidad aquello lo comentaba hasta por seguridad de ellos mismos, con eso de que aquí en la ciudad ya había balaceras a cada rato, ¿cómo saber que esas personas no eran las que nos topábamos a diario?
Su voz ya se oía más cerca cuando dijo. "¿Y luego dicen que de dónde salen los asesinos de Juárez?"
"Hagan como si no hubiéramos oído nada", oí susurrar, acto seguido ella regresó con su sonrisa angelical, se disculpó por tardar tanto y la clase siguió como si nada: con juegos, risas y la buena vibra de siempre.
Años después, en una de tantas ocasiones que hablábamos de eso, apenas podía creer que ella no hubiera sabido manejar esas emociones. De verdad me costaba trabajo creer que en dos días hubiera subido dos kilos y sólo por ese coraje que traía atravezado.
Sunday, August 29, 2010
r0cKeaNdo tU mUndoO
Sé que después de esa secuencia de palabras huirás... Y sabré que no buscarás escabullirte de mí, sino de mis porfiadas palabras acechándote estratégicamente... tranquilamente... educadamente... Y detestarás mis preguntas que calificarás como hostigantes, y querrás dar respuestas fútiles y por cada una de ellas, pertinazmente recibirás un jaque; hasta que no haya más remedio que llegar al mate.
Entonces, dirás que no entiendo tus movimientos.
Y,
por supuesto,
nadie ganará la partida,
pero por alguna razón no dicha y bien conocida,
tardarás un buen tiempo
en querer volver
a jugar.
.
.
.
.
.
.
Saturday, August 28, 2010
A
Soy demasiado inculta para saber si hay una palabra apropiada para definir eso que siento cuando ya no vienes a comer a mi casa, ni me buscas, ni me llamas, ni vamos más al café... que en realidad no sé si es igual a cómo me siento cuando no respondes mis llamadas y ya no te interesan mis planes.
Quizá para otros, todo eso puede englobarse en la misma palabra, incluso en el mismo sentimiento. Y sólo faltaría que dijeran que la ausencia de tus palabras, de tus historias... ¡que la ausencia de tu vida en la mía TAMBIÉN forma parte de lo mismo!
Mientras siga aquí sentada con mis rodillas protegiendo mi pecho y mis palmas se unan al bíceps del brazo del lado contrario, viendo cómo la poesía brota de mis ojos y va a cincelar mi corazón... mientras este momento dure, me alegrará, sin embargo, haber tenido la oportunidad de haber sido parte de esta amistad.
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