Wednesday, September 22, 2010

De cómo alguien subió dos kilos en dos días

Aún recuerdo vívidamente aquel día:

Un choque en el libramiento me había ayudado a llegar un poco tarde, así que no supe cómo fueron las cosas antes de entrar a clase, lo que sé es que unos minutos después de que me senté, la chava junto a mí le pidió que interviniera por nosotras.

Ella, tranquila, sonriente y amable, como siempre, pareció poner atención a aquello que la compañera señalaba como molesto. Con la misma sonrisa escuchó las palabras del exterior, se acercó a la puerta, vio cómo los sujetos se alejaban y cerró.
Parecía que el asunto terminaba ahí, recuerdo que me dio risa que a media explicación volteó hacia la ventana y de pronto dijo que había olvidado lo que estaba diciendo. Incluso estaba por voltear a reírme con Kevin, cuando de pronto, igual de sonriente terminó su explicación, se disculpó un momento y salió.

Todos nos quedamos con cara de ¿a dónde fue? Y entonces pudimos escuchar sus palabras en el salón de al lado, de eso sólo recuerdo que les decía que no sabía si había sido alguien de ahí pero si así era, qué poco hombres demostraban ser faltándole el respeto así a unas señoritas y encima, ser tan cobardes como para no dar la cara y aceptarlo.

Mucho después, cuando nos hicimos amigas, me contó que esa vez de verdad se alteró, sin saber bien a bien por qué.

A aquellos sujetos los llamó de muchos modos y realmente nunca fue grosera, aunque sí fue algo sarcástica cuando el profesor se sintió ofendido. Nosotros, que sí estábamos atentos a sus palabras, sabemos que nunca lo culpó a él de nada, nosotros mismos volteamos a vernos unos a otros, como preguntándonos de dónde había sacado que ella lo había ofendido.

De todo lo que les dijo, lo que más me impresionó fue cuando les dijo algo así:

"Cuando hagan esos comentarios, no piensen ni en sus hermanas, mamás o novias, como siempre les dicen. Piensen en ustedes mismos, cuando salen de esta clase ya está oscuro y unos tipos los levantan, los vendan, los amarran y amordazan. Ustedes, sin saber donde están, tras muchas vueltas llegan a un lugar, los bajan, los acuestan en una superficie blanda y escuchan los mismitos comentarios que fueron dirigidos a mis alumnas..."

Después de eso hizo una pausa incisiva y continuó:

"...¿qué creen ustedes que sentirían?"

Hasta nosotros nos quedamos helados. Y me alegra que no los hayamos tenido en frente, casi en seguida se oyó una risita burlona y digo que fue algo bueno, porque yo sí hubiera ahorcado al que se riera ante algo así.

En ese momento no me hubiera imaginado que del coraje a ella le hubiera dado dolor de panza un par de días, tal como me dijo tiempo después  porque todavía se despidió invitándolos a hacerle los mismos comentarios a una muchacha en un pueblo de tierra caliente. "Ja, pues segurito los matan", pensé yo. A pesar de todo, en realidad aquello lo comentaba hasta por seguridad de ellos mismos, con eso de que aquí en la ciudad ya había balaceras a cada rato, ¿cómo saber que esas personas no eran las que nos topábamos a diario?

Su voz ya se oía más cerca cuando dijo. "¿Y luego dicen que de dónde salen los asesinos de Juárez?"

"Hagan como si no hubiéramos oído nada", oí susurrar, acto seguido ella regresó con su sonrisa angelical, se disculpó por tardar tanto y la clase siguió como si nada: con juegos, risas y la buena vibra de siempre.

Años después, en una de tantas ocasiones que hablábamos de eso, apenas podía creer que ella no hubiera sabido manejar esas emociones. De verdad me costaba trabajo creer que en dos días hubiera subido dos kilos y sólo por ese coraje que traía atravezado.

No comments:

Post a Comment